«Quiero romper con mi pareja, pero no puedo» ¿te suena?

Te has dado cuenta de que no quieres seguir con tu pareja pero no te atreves a dar el paso.

Aunque lo tienes claro, sientes un bloqueo que no te deja avanzar. Tomar esta decisión es algo realmente difícil y si no se tienen las herramientas adecuadas puede provocar mucho malestar.

Prolongar una relación en la que ya no estáis bien, puede haceros mucho daño. La mejor opción es irte, ser responsable de tus propios sentimientos e intentar no herirte ni a ti ni al otro.

Si lo tengo claro, ¿por qué me cuesta tanto romper?

La incertidumbre, la culpa y el miedo son los motivos más importantes. Pero hay más.

Miedo al sufrimiento

La pareja se convierte en una zona de confort de la que es difícil salir.

Todos sabemos que las rupturas son complicadas y que alguien saldrá dañado (tú, la otra persona o ambos). Adelantarnos a ese dolor, el miedo a afrontarlo, nos impide tomar decisiones y dar el paso.

Puedes tener miedo a perder al otro, a equivocarte, a la depresión, a la soledad, dañar a los hijos, etc.

El miedo a la soledad y a iniciar una vida nueva.

En estos casos estos temores son tan grandes que prefieres permanecer en una relación en la que sufres con tal de no enfrentarte a la alternativa.

Este miedo es algo muy habitual. Es posible que te asuste la idea de no volver a encontrar a nadie, de no volver a amar como amaste a tu pareja en su momento, a no recuperarte de la ruptura o el de pasar el resto de tus días solo.

También es importante los estresores que tengas actualmente. Si estás pasando por un mal momento es menos probable que te sientas preparado para afrontar grandes cambios y sientas la necesidad de quedarte en tu zona de confort.

El sentimiento de culpa

No sólo entra en juego la anticipación de nuestro propio dolor, también tememos el dolor ajeno. Darte cuenta de que quieres terminar tu relación y ser consciente de que puedes dañar a tu pareja puede generar grandes sentimientos de culpa. Esta es una buena excusa para no dar el paso.

Aunque intentes evitar el malestar de la otra persona después de romper, no está bajo tu control. Lo único que puedes intentar es hacer el menor daño posible. Además, mantenerte en una relación si ya no quieres a la otra persona le puede causar mucho dolor. Piénsalo así.

Este sentimiento puede hacerte dudar de tu decisión y emprender acciones que intenten salvar una relación que ya ha muerto. Esto puede ser muy frustrante. Pensar en la posibilidad de arreglarlo puede producirte mucho alivio a corto plazo, pero la frustración volverá a aparecer y la situación se cronifica.

Dependencia emocional

Una investigación publicada en el Journal of Personality and Social Psychology reveló que cuando las personas piensan que su pareja es de alguna forma dependiente o está altamente comprometida con la relación, menos capaces se sienten de terminar con su relación. Se quedan en relaciones que ya no les llenan por cuidar de la pareja, dejando a un lado sus propias necesidades.

La dependencia emocional es una adicción a la otra persona. Tu estabilidad emocional depende, en este caso, de tu pareja. Crees que no podrás hacerte cargo de ti cuando ya no estéis juntos y temes perder su apoyo para las dificultades a las que te enfrentes.

Si eres consciente de que no eres feliz y sufres pero sigues ahí, es posible que tengas dependencia emocional.

Se trata del miedo a soltar a la otra persona, a estar solos. Es posible que no tengas confianza en tu capacidad emocional para enfrentarte a esas dificultades o una separación.

Pensamientos dicotómicos

Aparecen tanto en la etapa de plantearte si la relación funciona como cuando la decisión ya está tomada.

Por nuestra cabeza pasan todo tipo de preguntas y reflexiones. Sabes que tienes que salir de tu relación pero empiezan a «atacarte» pensamientos.

» ¿Y si no encuentro a alguien mejor? ¿Quién va a quererme? Es muy difícil congeniar con alguien con mi edad, qué pereza conocer a gente nueva o empezar de cero con alguien…»

Y no nos olvidemos de los pensamientos relacionados con la «pérdida de la inversión». Sobre todo en relaciones largas pueden aparecer pensamientos como «después de todo el tiempo que llevamos juntos, de lo que hemos luchado juntos ¿voy a dejarle?»

Este tipo de pensamientos son el reflejo de nuestros miedos e inseguridades. La razón por la que aparecen en tu mente no es porque sean reales o verdades universales. Aparecen como señal de alarma que te avisa de que vas a salir de tu zona de confort y eso siempre asusta a nuestro cerebro.

Estrategias que no ayudan a dar el paso

Poner una fecha para romper

Da igual las veces que te propongas hacerlo tal día a tal hora, al final se terminará posponiendo. Conforme se acerca el momento surge la ansiedad por la anticipación del momento y el hecho de posponerlo te alivia momentáneamente, pero en el fondo seguirás arrastrando ese momento que estás esquivando y que terminará llegando.

Tómate tu tiempo, no le pongas fecha, ese momento puede llegar cuando menos te lo esperes.

Desear que todo se resuelva por si solo

Esta es una fantasía que viene a tu cabeza a intentar poner un poco de paz pero no es útil en absoluto.

Puede ser que desees que el otro encuentre a alguien, que se canse de la situación incómoda y se vaya… cualquier cosa para que no seas tú quien tiene que dar el paso. De esta forma, «ya no serías el responsable» de poner fin, no serías el dejador y se libera el sentimiento de culpa.

Cargar contra la otra persona

Convertir a la otra persona en alguien que puedas odiar te da valor y fuerza para terminar con la relación. Te libera de la culpa y de cierta responsabilidad sobre el fin de la pareja.

Utilizas un comentario, una situación arbitraria o cualquier cosa que te aparezca para demonizarlo. Esas razones que pueden parecer de peso al principio crecen y crecen hasta considerar a la otra persona el mal encarnado. Pero esto tampoco dura.

Cuando tu pareja no es tan mal como intentas creerte, terminan apareciendo las dudas. Te cargas de razones para odiarle que son inconsistentes y no se sostienen.

Mentir para posponer el momento.

Este es un recurso que puede parecer que funciona, pero a corto plazo.

Tontear con otras personas, buscar relaciones en paralelo o decirle «te quiero» para que la otra persona se quede tranquila, pospone el momento de la ruptura pero no se puede mantener mucho en el tiempo. Posponiendo así la ruptura sentirás alivio al principio porque no te enfrentas al bloqueo, pero la agonía se termina alargando.

Al final terminarás cargando con el peso de una relación en la que no eres feliz, la culpa por el daño que vas a ocasionar y por la mentira.

Buscar otra relación para coger fuerzas

Esta estrategia suelen utilizarla personas que no se sienten lo suficientemente fuertes emocionalmente para afrontarlo porque, de esta forma, no tienen que enfrentarte solos a esta difícil situación .

Además alivia el miedo recurrente tras una ruptura de no encontrar a nadie (ya lo tienes y aun no has roto). Vivir el comienzo de una nueva relación puede llenarte de ilusión y reafirmarte en tu decisión. Pero al fin y al cabo estás cogiendo una liana para soltar otra.

Aunque pueda parecer que esta es una buena solución, no lo es. Si no desarrollas la fortaleza emocional que crees que te falta terminarás cayendo una y otra vez en los mismos patrones y enfrentándote a los mismos conflictos y situaciones.

Otra estrategia relacionada podría ser boicotearte para que te descubran.

En relación con el punto anterior, consiste en arriesgarse a que la otra persona descubra la nueva relación o el tonteo. Es una forma de precipitar las cosas, de dejar de posponer. No tiene por qué ser algo que hagas de forma consciente. Simplemente empiezas a descuidar la ocultación, se lo cuentas a otras personas o te esfuerzas menos en las mentiras.

¿Cómo puede ayudarme la preparación para la ruptura?

Como ya hemos visto, pueden surgir cantidad de emociones y pensamientos que nos paralizan y nos mantienen atados a una relación que ya no nos llena.

¿Qué se trabaja exactamente en sesión?

  • Tratamos todos los bloqueos que te he mencionado más arriba. Así como sus consecuencias y trabajamos sobre estrategias nuevas que SI funcionan.
  • Exploramos la ansiedad que surge al tomar la decisión o al intentar enfrentarse al momento.
  • Te muestro y practicamos herramientas de comunicación efectiva para que te resulte más fácil expresarte y hacerte entender. En definitiva, comunicar de la mejor forma posible la decisión que has tomado.
  • Ayudas para prepararte para esa conversación y generar un plan de acción.
  • Te muestro herramientas para la gestión de la culpa y puedas aligerar esa pesada carga.
  • Y por último, tratamos temas como la reconstrucción. Reencontrarse a uno mismo, recuperar el valor propio y empezar otra etapa vital. Los temas tratados son el proceso de duelo, aumento de autoestima y autocuidado, reconstrucción de red de apoyo en caso de que fuese necesario.
  • Acompañamiento emocional después de la ruptura, gestión del duelo y construir un nuevo proyecto de vida.

Conclusiones

Prolongar una relación que no tiene futuro sólo alargará tu propio dolor y el de la otra persona. Debemos ser responsables, honestos y soltar. A pesar del miedo que puedas tener a sufrir y aunque no lo parezca ahora mismo, mantenerte en esta situación te hará más daño que la ruptura en si.

Terminar con una relación muerta es duro, no te voy a mentir, pero también es liberador para ambos porque podréis seguir avanzando.

La mejor forma de romper con tu pareja es afrontar esta situación directamente. Explícate, exprésate, utiliza la empatía y asertividad para que sea lo menos doloroso posible.

¿Te has encontrado alguna vez en una situación similar? ¿Qué consejo le darías a alguien que no se atreve a dar el paso?

Categorías: AmorPsicología

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